El presidente chino Xi Jinping y su par estadounidense Donald Trump se reunieron este jueves en Pekín en lo que fue descripto como una de las cumbres bilaterales más importantes de los últimos años. El encuentro, celebrado en el Gran Salón del Pueblo, combinó gestos de acercamiento comercial con una advertencia directa del líder chino sobre el futuro de Taiwán.
Xi fue claro desde el inicio: la disputa territorial sobre la isla autogobernada es "el tema más importante" en la relación entre ambas potencias. Y no dejó margen para la ambigüedad.
La advertencia de Xi
"Si se maneja adecuadamente, la relación bilateral gozará de estabilidad general. De lo contrario, los dos países tendrán enfrentamientos e incluso conflictos", advirtió Xi según el comunicado oficial del Ministerio de Relaciones Exteriores chino.
Trump, en cambio, llegó con el foco puesto en los negocios. Cuando los periodistas le preguntaron si Taiwán había sido parte de la conversación, el presidente estadounidense no respondió. El comunicado oficial de la Casa Blanca tampoco mencionó el tema.
Taiwán es uno de los principales socios comerciales de Estados Unidos y el mayor fabricante mundial de chips avanzados, insumo clave para tecnología militar y civil. Pekín reivindica la isla como territorio propio desde hace décadas.
Comercio en el centro de la agenda
La delegación que acompañó a Trump incluyó ejecutivos de los sectores aeroespacial, tecnológico y agrícola. El presidente estadounidense afirmó querer "abrir" China a las empresas de su país bajo una lógica de reciprocidad total.
Xi respondió con tono conciliador en materia económica: "China abrirá aún más sus puertas. Las empresas estadounidenses están profundamente involucradas en la reforma y apertura de China".
Ambos mandatarios también coincidieron en que Irán no debe controlar el estrecho de Ormuz y en que Teherán no puede acceder a armas nucleares. China, además, expresó interés en comprar petróleo estadounidense, según informó la Casa Blanca.
El trasfondo estratégico
Xi enmarcó la reunión en términos históricos. Habló de superar "la trampa de Tucídides", la teoría que sostiene que una potencia dominante y una emergente inevitablemente terminan en guerra. Y calificó 2026 como un potencial "año histórico" para la relación bilateral.
Antes de la cumbre, el gobierno chino había fijado sus líneas rojas con precisión: ningún apoyo estadounidense a Taiwán, ninguna crítica al sistema político chino y ninguna obstrucción al desarrollo económico de la potencia asiática.
Un alto funcionario de Washington aclaró, previo al encuentro, que la política de Estados Unidos hacia Taiwán no cambiaría. Taipéi, por su parte, reafirmó su compromiso con el statu quo y señaló que el único factor desestabilizador en el estrecho es "el expansionismo autoritario de China".
El resultado de la cumbre dejó acuerdos en construcción, tensiones sin resolver y una pregunta abierta: hasta dónde está dispuesto a ceder Trump en materia geopolítica a cambio de beneficios económicos.