Javier Milei ha referenciado en numerosas ocasiones a Adam Smith como uno de sus principales inspiradores en materia económica. Pero, ¿quién fue realmente este pensador escocés del siglo XVIII y por qué sus ideas siguen vigentes tres siglos después?
Smith nació en 1723 en Kirkcaldy, Escocia, y fue bautizado el 5 de junio de ese año. Creció sin padre —falleció antes de su nacimiento— y desarrolló desde temprano una voracidad intelectual que lo llevó a ingresar a la Universidad de Glasgow a los 14 años.
Un filósofo moral, no sólo un economista
Lo que muchos desconocen es que Adam Smith nunca se consideró a sí mismo un "economista" en el sentido moderno del término. Era, ante todo, un filósofo moral escocés. Su obra abarcó la psicología social, la ética, la jurisprudencia y la historia institucional.
Su primer gran libro fue La Teoría de los Sentimientos Morales (1759), donde argumentó que los seres humanos no son puramente egoístas: existe en la naturaleza humana una inclinación genuina a interesarse por el bienestar ajeno. El mecanismo que lo explica es la simpatía: la capacidad de imaginar cómo se siente el otro para comprenderlo y relacionarse con él.
Este libro sentó las bases filosóficas de todo su pensamiento posterior.
La Riqueza de las Naciones y la revolución del libre mercado
En 1776, Smith publicó La Riqueza de las Naciones, la obra que lo consagraría como el padre del liberalismo económico. Su tesis central fue tan sencilla como revolucionaria: la riqueza de un país no está en el oro acumulado por la Corona, sino en la capacidad productiva de su población y en el trabajo de sus habitantes.
Dos conceptos clave sostienen toda su construcción teórica:
La división del trabajo es el motor de la productividad. Al especializar tareas, una sociedad produce exponencialmente más. El libre comercio amplifica ese efecto: cuando los mercados se abren, todas las naciones ganan porque cada una se especializa en lo que hace mejor.
Smith también fue un crítico feroz de los monopolios estatales, los privilegios corporativos y el proteccionismo. Denunció a la Compañía Británica de las Indias Orientales como una aberración institucional que concentraba poder comercial y soberanía política en una sola entidad privada.
La "mano invisible", el concepto más malinterpretado de la historia
La famosa metáfora de la "mano invisible" es probablemente el concepto más citado y más distorsionado del pensamiento de Smith. Muchos la usan para justificar la desregulación total de la economía, pero Smith la utilizó apenas en tres ocasiones en toda su obra.
Lo que Smith señalaba es más preciso: cuando los individuos buscan su propio beneficio dentro de un marco legal justo, generan de manera no intencional un beneficio colectivo mayor. No es una promesa de perfección automática, sino una observación sobre cómo el interés personal, bien encauzado por instituciones sólidas, produce orden espontáneo y prosperidad.
Smith nunca defendió la anarquía de mercado. Reconoció tres roles ineludibles del Estado: la defensa nacional, la administración de justicia y la provisión de obras públicas e infraestructura que el sector privado no puede financiar con fines de lucro. Incluso abogó por la educación pública subsidiada para los estratos más bajos.
El legado que llega hasta Milei
Las ideas de Adam Smith influyeron directamente en la tradición liberal que hoy reivindica La Libertad Avanza. La crítica al Estado intervencionista, la defensa del comercio libre, el rechazo a los privilegios corporativos y la confianza en la iniciativa individual son pilares que el presidente Javier Milei ha hecho propios en su discurso y en las políticas del gobierno argentino.
Smith murió en Edimburgo en 1790, a los 67 años, habiendo dejado un legado intelectual que sigue siendo debatido, citado y —según quienes lo conocen en profundidad— frecuentemente simplificado. Su obra invita a algo más exigente: leerlo completo.