No fue un error aislado. Fue una forma de gobernar.
La expansión y urbanización de villas avanzó sin resolver el problema estructural de la informalidad. Los cortes de calle dejaron de ser una excepción para convertirse en parte del paisaje cotidiano. Y distintas formas de ocupación del espacio público —desde los piquetes hasta los “trapitos”— fueron naturalizadas.
El mensaje fue claro: el que cumple, paga y respeta la ley, queda en segundo plano frente al que la incumple.
Ese modelo no es ajeno a la actual gestión. Es la continuidad política de un proceso del que también formó parte Jorge Macri.
El giro que llega tarde
En los últimos meses, el Gobierno de la Ciudad comenzó a incorporar en su discurso conceptos que durante años estuvieron ausentes o fueron secundarios: orden, eficiencia del Estado, simplificación, control del gasto.
El cambio es evidente. Pero también lo es su timing.
Después del avance de La Libertad Avanza en la Ciudad —con un 30% en la elección a legisladores y consolidando un escenario de más del 50% de cara a octubre— muchas de las discusiones que antes no estaban en agenda pasaron a ocupar un lugar central.
No es casualidad, desde mi lugar, habiendo sido parte de ese proceso electoral, recorrimos la Ciudad y escuchamos algo que se repite en todos los barrios:
la sensación de que la Ciudad se estancó, que tiene mal olor, que la calle es un peligro y que el estándar de gestión ya no es el que era.
Y eso tiene una explicación.
Una gestión agotada
La Ciudad hoy funciona con capas geológicas de distintas administraciones del PRO.
Distintas decisiones, distintos criterios, acumulados en el tiempo sin una dirección clara.
Fue un espacio político que supo interpelar durante años a la mayoría de los porteños.
Pero hoy no logra sostener sus propios estándares.
Porque dejó de tener algo clave: identidad.
Y cuando un espacio pierde identidad, lo que aparece es esto mismo: medidas tardías, discursos que cambian según el clima político y reformas que llegan siempre después.
Reformas que no avanzan
Un caso concreto es el de la llamada “Ley Bases porteña”, impulsada por la legisladora Pilar Ramírez, que propone una reforma estructural orientada a la reducción del gasto público, la modernización del Estado y la eliminación de regulaciones innecesarias.
Es, en esencia, una hoja de ruta para transformar el funcionamiento del Estado en la Ciudad.
Sin embargo, el proyecto no fue tratado.
El contraste es evidente: mientras el discurso oficial empieza a hablar de reformas, las reformas concretas siguen sin avanzar.
Una agenda concreta para cambiar la Ciudad
Frente a este escenario, desde La Libertad Avanza presentamos en la Legislatura un paquete integral de reformas que apunta a resolver los principales problemas estructurales de la Ciudad.
No se trata de medidas aisladas, sino de una visión clara: aliviar la carga sobre el sector privado, ordenar el Estado y recuperar reglas en el espacio público.
Los ejes principales son:
• Reforma impositiva, con baja de impuestos
• Libertad comercial y simplificación, con habilitaciones automáticas
• Modernización del Estado, mediante digitalización y menos trámites
• Incentivos a la inversión, a través del RIMI y la adhesión al RIGI
• Reforma de VTV y del sistema de autopartes
A esto se suman reformas de fondo:
• La Ley Bases porteña
• La reforma del Estado, con foco en el achique y la eficiencia
• La reforma de la Ley de Comunas
• La implementación de Ficha Limpia
• La discusión sobre la baja de imputabilidad
• La reforma del Código Contravencional
• Y la regulación de los “trapitos”
Todas estas propuestas ya están presentadas y listas para ser debatidas.
Mantener lo que funciona, cambiar lo que no.
Nuestra posición es clara: la Ciudad no necesita destruir todo lo hecho, pero tampoco puede seguir sosteniendo lo que claramente no funciona.
Hay aspectos que deben preservarse, pero también hay problemas que requieren decisión política:
• Un gasto público elevado sin mejoras equivalentes en eficiencia, solapamiento en áreas generando burocracias, contrataciones excesivas.
• Trámites que dificultan la actividad económica.
• Falta de control efectivo del espacio público.
• Un Estado que muchas veces crece más de lo que resuelve.
La diferencia es de enfoque: no administrar inercias, sino corregir desvíos.
Una discusión que ya empezó en CABA
Lo que está en juego en la Ciudad no es solo una serie de medidas, sino el modelo de gestión.
Si vamos a seguir con una lógica de correcciones tardías, condicionadas por el calendario electoral, o si vamos a avanzar en reformas reales, sostenidas y basadas en principios claros.
Porque en política, el problema no es que alguien cambie de discurso, el problema es cuando ese cambio llega recién después de perder elecciones.
No es una acción de liderazgo sino reactiva frente a lo que se volcó la mayoría.
Nosotros vinimos a hacer algo distinto, algo muy simple: vamos a hacer a CABA grande otra vez.