Argentina cuenta con apenas 80 empresas japonesas radicadas en su territorio, frente a las 1.600 que operan en México y las 630 en Brasil. El dato fue compartido por el embajador de Japón durante una reunión con la ministra de Seguridad, Patricia Bullrich, y revela con crudeza el impacto de décadas de políticas que alejaron la inversión extranjera del país.
Un número que habla por sí solo
La brecha con la región no es menor ni casual. Según el propio embajador nipón, la diferencia responde a años de falta de previsibilidad, aislamiento económico y un rumbo internacional equivocado que hicieron de Argentina un destino poco atractivo para los capitales extranjeros.
Mientras México construía vínculos comerciales sólidos con una de las economías más poderosas del mundo, y Brasil consolidaba su posición como hub de inversión regional, Argentina quedaba al margen de ese proceso.
El cambio de rumbo que propone La Libertad Avanza
Bullrich destacó que el gobierno de Javier Milei avanza en la dirección opuesta: apertura comercial, acuerdos internacionales, reglas claras y baja de impuestos. Un conjunto de medidas que apunta a revertir la tendencia y posicionar al país como un destino competitivo para la inversión.
La ministra subrayó que el potencial argentino sigue intacto. El desafío, ahora, es traducir ese potencial en hechos concretos que acorten la distancia con México y Brasil en términos de presencia empresarial japonesa.
Un objetivo claro: alcanzar a los vecinos de la región
El encuentro con el embajador de Japón no fue solo protocolar. Marca una intención política explícita del Poder Ejecutivo: recuperar el terreno perdido en materia de inversión extranjera directa y construir relaciones bilaterales sólidas con economías clave del mundo.
La comparación regional, aunque incómoda, funciona como una hoja de ruta. Si México y Brasil lo lograron, Argentina también puede. El punto de partida está claro; el camino, también.