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"Esse homem é um bandido": cómo ven en Brasil a Lula antes de las elecciones de octubre

Por Mundo Liberal
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Lula, presidente de Brasil.

Brasil elige autoridades nacionales el 4 de octubre y el presidente Luiz Inácio Lula da Silva ya confirmó su intención de presentarse para un cuarto mandato. Pero un recorrido por distintas ciudades del país revela una realidad que complica ese objetivo: desigualdad social, pobreza persistente y una ciudadanía que no lo ve con buenos ojos.

"Ladrão", "corrupto": la imagen de Lula en la calle

En el estado de Rio Grande do Norte —con sus playas de Pipa y la capital Natal—, la primera palabra que surge al preguntar por el jefe de Estado es "ladrão" (ladrón). Taxistas, comerciantes, mozos y vendedores de playa coinciden: "Lula é um político corrupto".

Aunque la Justicia brasileña anuló las condenas que pesaban sobre Lula en el marco de la Operación Lava Jato —por hechos de corrupción y lavado de dinero—, el ciudadano de a pie no lo percibe como inocente. La frase más repetida es directa: "Esse homem é um bandido"

Un historial que pesa

Los brasileños reconocen logros durante el primer mandato de Lula, entre 2003 y 2006. Según el Fondo Monetario Internacional (FMI), más de 20 millones de personas salieron de la pobreza gracias al programa Bolsa Familia, el aumento del salario mínimo y el crecimiento económico de ese período.

Sin embargo, los propios votantes recuerdan que su segundo mandato decepcionó. Los escándalos de corrupción en su entorno, el retroceso económico y las promesas incumplidas de la campaña marcaron esa etapa. Su sucesora, Dilma Rousseff, fue destituida en 2016 a través de un impeachment, en medio de una crisis política, económica y social agravada por el escándalo de Odebrecht, dentro de la misma Operación Lava Jato.

Bolsonaro, el otro lado de la polarización

Quienes dialogaron con este medio también tienen una opinión formada sobre Jair Bolsonaro, hoy preso por intento de golpe de Estado. Lo describen como "louco" y señalan que "sua política econômica foi um fracasso": pésimo manejo de la pandemia, aliento al rechazo de las vacunas, alianzas con partidos tradicionales que contradijeron su discurso anticorrupción, y una inflación que nunca cedió lo suficiente.

Aun así, a diferencia de Lula, los brasileños no lo ubican entre los "políticos chorros". Se desilusionaron de él, pero no lo acusan de corrupción personal.

Las encuestas: empate técnico en segunda vuelta

La última encuesta de la consultora Datafolha, difundida por Folha de São Paulo y O Globo, refleja un escenario de alta polarización. En primera vuelta, Lula lidera con entre 38% y 39% de intención de voto, mientras que el senador Flávio Bolsonaro —hijo del ex presidente, recientemente impulsado como candidato— alcanza entre el 32% y 34%.

En una eventual segunda vuelta, ambos candidatos llegan a un empate técnico. Más atrás aparecen el gobernador de Paraná, Ratinho Júnior (7%), el gobernador de Minas Gerais, Romeu Zema (4%), Renan Santos (3%) y Aldo Rebelo (2%). Un 11% rechaza a todos los candidatos y un 3% aún no decidió su voto.

Lula mantiene mayor respaldo en el nordeste del país, entre sectores de ingresos bajos y votantes católicos. Flávio Bolsonaro lidera entre los evangélicos —donde alcanza el 48%— y en el sur del país.

La desigualdad que se ve al caminar

Más allá de las cifras electorales, la realidad social golpea a la vista. Casi 50 millones de brasileños viven bajo la línea de pobreza y entre 7 y 9 millones en pobreza extrema.

En Natal, los contrastes son brutales. Barrios como Felipe Camarão, Bom Pastor o Lagoa Azul concentran vulnerabilidad estructural, a pocos kilómetros de edificios de lujo valuados entre 1 y 5 millones de dólares frente al mar. Familias enteras sobreviven recolectando cangrejos en los manglares o transportando turistas en pequeñas barcazas llamadas "chalana".

Francisco, un trabajador del turismo receptivo, lo resumió con precisión: "A cada quatro anos votamos para dar carta branca a um político e sua família para que façam negócios. Negócios pessoais sem pensar no povo." ("Cada cuatro años votamos para darle carta blanca a un político y su familia para que haga negocios. Negocios personales sin pensar en el pueblo.")

Un contexto regional que enmarca la elección

La elección brasileña se da en un continente que viró a la derecha. En Argentina gobierna Javier Milei; en Chile, José Antonio Kast; en Uruguay, Luis Lacalle Pou; en Paraguay, Santiago Peña; en Ecuador, Daniel Noboa; en Perú, José Jerí y en Bolivia, Rodrigo Paz.

Lula y el colombiano Gustavo Petro son los únicos gobernantes de izquierda que quedan en América del Sur. Lo que se defina en octubre determinará si Brasil sigue ese camino o da vuelta la página.

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