Una legisladora de la Ciudad de Buenos Aires eligió el aniversario de la última dictadura militar para lanzar una ofensiva política. Esta vez fue contra la Delegación de Asociaciones Israelitas Argentinas (DAIA). Vanina Biasi, del Frente de Izquierda y de los Trabajadores – Unidad, acusó a la institución de haber sido cómplice del régimen iniciado en 1976. Esta afirmación desató un escándalo que expone, una vez más, los límites de una izquierda dispuesta a todo con tal de instalar su agenda.
Una acusación grave, sin pruebas y con cálculo político
Biasi publicó en su cuenta de X una serie de acusaciones directas contra la DAIA. Vinculó a la institución con la dictadura militar y conectando ese argumento con su postura respecto al conflicto entre Israel y Palestina.
«A 50 años del comienzo de la dictadura militar, revisemos qué hizo la DAIA. Y vamos a entender que el germen de la criminalidad que defienden en el presente, ya estaba presente entonces», escribió la legisladora.
El timing no fue casual. Usar una fecha de enorme peso simbólico para la memoria colectiva argentina con el objetivo de atacar a una organización de la comunidad judía es, cuanto menos, una operación política de manual.
La DAIA respondió con contundencia
La respuesta institucional no tardó en llegar. La DAIA rechazó enfáticamente las acusaciones de Biasi y recordó su rol activo durante los años del terrorismo de Estado.
El comunicado oficial de la entidad señaló que fueron múltiples los casos en los que la DAIA intervino en todo el país salvando vidas durante aquellos años, y que la legisladora ignora deliberadamente esos hechos documentados.
Además, la institución fue directa al señalar el trasfondo ideológico del ataque: «El prejuicio antisemita le impide a la diputada un análisis completo de hechos muy dolorosos de nuestra historia», y calificó la actitud de Biasi como un «aprovechamiento político oportunista y circunstancial».
Lejos del arrepentimiento, Biasi profundizó el ataque
Ante el repudio, la legisladora no dio marcha atrás. Calificó el comunicado de la DAIA como «un apriete» y redobló la apuesta con nuevas acusaciones, llamando a la institución «apologistas del genocidio contra el pueblo palestino» y «banalizadores seriales del antisemitismo».
El cierre fue tan revelador como el inicio: «Dejen de hacer el ridículo», le respondió Biasi a una de las organizaciones más representativas de la comunidad judía argentina.
Una izquierda que no tiene límites
El episodio deja al descubierto una práctica recurrente de ciertos sectores de la izquierda: instrumentalizar la historia, manipular fechas sensibles y atacar instituciones con el único fin de alimentar una narrativa ideológica. En este caso, al servicio de una postura pro-palestina que no encuentra reparo en cruzar cualquier línea.
Acusar a la DAIA de complicidad con la dictadura sin sustento sólido, en el marco de una disputa política sobre el conflicto en Medio Oriente, no es debate histórico. Es, como bien señaló la propia institución, un aprovechamiento oportunista que merece el más enérgico rechazo.