El presidente de Estados Unidos, Donald Trump, viajará a China esta semana en una visita de Estado que se extenderá del 13 al 15 de mayo. La Cancillería china confirmó el encuentro este lunes: será la primera vez que un mandatario estadounidense pisa suelo chino desde 2017, cuando el propio Trump realizó ese mismo recorrido durante su primer mandato.
La visita llega en un momento de tensión contenida entre las dos mayores economías del mundo, con una guerra arancelaria apenas frenada por una tregua acordada en octubre de 2025 y con el conflicto en Medio Oriente como telón de fondo inevitable.
Una tregua que vence y un acuerdo difícil
El año pasado, Washington y Pekín protagonizaron una escalada arancelaria que llevó los gravámenes estadounidenses sobre productos chinos hasta el 145%. La situación se desactivó parcialmente en octubre, cuando Trump y Xi Jinping acordaron una tregua de un año: Estados Unidos redujo aranceles, China reanudó los envíos de tierras raras y ambas partes pausaron nuevas medidas.
Esa tregua vence próximamente y el objetivo central de Pekín en esta reunión será prorrogarla. Según analistas de la Economist Intelligence Unit, China buscará resultados "específicos": reducciones arancelarias limitadas que justifiquen una retirada mesurada de sus propios gravámenes.
Expectativas bajas, simbolismo alto
Los expertos advierten que un gran acuerdo comercial es poco probable. Michael Hart, de la Cámara de Comercio Estadounidense en China, fue directo: "Un gran éxito sería simplemente que los dos presidentes mantuvieran una reunión cordial y acordaran que mantenemos un intenso intercambio comercial".
Desde la Casa Blanca, la portavoz adjunta Anna Kelly marcó el tono oficial: "Esta será una visita de un considerable significado simbólico. Pero el presidente Trump no viaja solo por el simbolismo. Los estadounidenses pueden esperar que logre más buenos acuerdos".
Irán, el tema que nadie quiere pero todos esperan
El conflicto en Medio Oriente aparecerá inevitablemente en la agenda. China es el mayor comprador de petróleo iraní y utilizó ese vínculo para alentar a Teherán a aceptar un frágil alto el fuego. Si Pekín puede contribuir a una paz duradera, eso le daría una posición más sólida en las negociaciones comerciales con Washington.
El embajador chino ante la ONU ya advirtió que, si el estrecho de Ormuz seguía cerrado durante la visita, ese asunto estaría "inevitablemente en el centro de las conversaciones". El canciller iraní visitó China la semana pasada y se reunió con su par Wang Yi.
Taiwán e inteligencia artificial, en el fondo
Comercio, aranceles, Irán y carrera por la inteligencia artificial figuran en la agenda oficial. Taiwán, en cambio, aparece como un tema latente que ninguna de las partes tiene interés en escalar públicamente durante la visita.
El secretario del Tesoro, Scott Bessent, resumió el espíritu del viaje: "Espero una gran estabilidad en la relación. Pero eso no significa que nuestro déficit comercial no pueda seguir bajando".