La economía argentina creció 3,5% en términos mensuales desestacionalizados y 5,5% respecto del mismo mes del año anterior.
Lo notable del dato no es solo su magnitud sino su amplitud. De los quince sectores que releva el INDEC, catorce crecieron en términos interanuales. Agricultura, industria, minería y transporte lideraron el avance, cuatro sectores que juntos articulan buena parte de la cadena productiva del país. Que solo uno haya quedado en terreno negativo habla de una recuperación que ya no depende de un par de rubros favorecidos por condiciones externas, sino de un proceso más robusto y transversal.
El mismo día, el gobierno presentó las cifras de comercio exterior de abril y el cuadro fue igualmente contundente. Las exportaciones totales alcanzaron 8.914 millones de dólares, el valor mensual más alto de la historia argentina, con un crecimiento de 33,6% respecto de abril de 2025. Las importaciones, en cambio, bajaron 4% interanual hasta 6.204 millones, lo que dejó un superávit comercial de 2.711 millones de dólares para el mes. En el acumulado enero-abril, el país ya exportó 30.820 millones y el superávit suma 8.277 millones, un 21,5% más que en igual período del año pasado.
El desglose sectorial de las exportaciones confirma que la transformación energética está en marcha. Combustibles y energía creció 85,9% interanual, consolidando a Vaca Muerta como el principal motor exportador del país. Le siguen las manufacturas de origen industrial con 43,3%, un número que sorprende porque ese rubro había sido históricamente uno de los más golpeados por la falta de competitividad. Los productos primarios sumaron 25% y las manufacturas agropecuarias, 14,1%. Es decir: la expansión exportadora no está concentrada en un solo sector sino distribuida a lo largo de toda la estructura productiva.
Mientras la economía mostraba esos números, el Ministerio de Infraestructura abría los sobres de la tercera y última etapa de la Red Federal de Concesiones Viales. Son más de 3.900 kilómetros de rutas nacionales divididos en ocho tramos que van desde el corredor Centro hasta Cuyo, pasando por el Litoral, el Noroeste y la Mesopotamia. Se presentaron veinte oferentes, una cifra que habla por sí sola sobre el interés del sector privado en participar de un programa que, cuando fue anunciado, generó más dudas que certezas.
Con esta apertura, el programa completa la concesión de más de 9.000 kilómetros de rutas bajo un modelo de inversión ciento por ciento privada, sin costo fiscal para el Estado. Los corredores atraviesan provincias que históricamente reclamaron obras viales como deuda pendiente: Córdoba, Santa Fe, Entre Ríos, las provincias del NOA y el NEA. El gobierno anunció que todas las obras estarán en ejecución en las próximas semanas.
En el plano legislativo, la Cámara de Diputados aprobó trece iniciativas que abarcaron desde la Ley Hojarasca —orientada al manejo de residuos vegetales y la prevención de incendios— hasta la Reforma de Zona Fría, que actualiza los beneficios para las regiones de bajas temperaturas extremas. También se ratificaron diez instrumentos internacionales entre tratados y convenios de cooperación, una señal de la política exterior que busca reinsertar a la Argentina en los circuitos globales del comercio y la inversión. Y la Cámara encontró unanimidad para rendir homenaje a un veterano de Malvinas.
Lejos de la agenda parlamentaria y los datos macroeconómicos, otro número habla del humor social: más de 147.000 pasajeros reservaron vuelos en Aerolíneas Argentinas para el feriado del 25 de mayo. De ellos, más de 115.000 eligieron destinos dentro del país. El viernes 22 fue proyectado como la jornada de mayor movimiento, con más de 33.000 reservas emitidas en un solo día. El turismo doméstico no mide el estado del país con encuestas ni con índices: lo mide con argentinos que deciden viajar.
Los números de esta semana hablan por sí solos. Exportaciones en su máximo histórico, actividad económica en su pico de todos los tiempos, nueve mil kilómetros de rutas concesionadas con inversión privada y un Congreso que avanza en la agenda de apertura al mundo. En dos años, Argentina pasó de la parálisis a tener viento a favor. El programa funcionó. Los datos lo dicen.